Se puede engañar el alcoholímetro??

Control de alcoholemia de la Guardia Civil. Uno de los conductores parados da positivo en la primera prueba, pero todavía le quedan 10 minutos hasta hacer una segunda de contraste. De modo que aprovecha para chupar granos de café, hacer unas flexiones o correr, incluso comerse un poco de césped, chupar la batería del móvil o una moneda…

Los ejemplos no están inventados. Los han vivido los agentes de tráfico y responden a esos mitos sobre trucos que ayudan a disimular el alcohol ingerido (en el aliento, si acaso) y porque está en juego una multa que, como poco, le supondrá una multa de 302 euros y la retirada del permiso durante tres meses, por dar más de 0,25 miligramos por litro de aire espirado; o incluso enfrentarle a una pena de prisión si la tasa supera los 0,6 miligramos.

Pues bien, aunque algunas de esas soluciones suenen a cachondeo, hasta un 10% de los españoles ha recurrido a ellas alguna vez para no dar positivo, o reducir la tasa de alcoholemia, según un estudio realizado por la aseguradora Línea Directa. Un informe del que, más allá de esos trucos, se desprenden datos demoledores como que un tercio de los encuestados (casi 1.300 conductores, o 8,6 millones si se extrapolan los datos al censo total) admitieron haberse puesto al volante pensando en que daban positivo.

Casualmente, el mismo porcentaje que piensan que esos trucos dan resultado, lo que quizás explique en parte que el porcentaje de conductores fallecidos que dieron positivo por alcoholemia se ha incrementado en cuatro puntos en la última década; o que en el 70% de los casos de este grupo, las tasas estaban por encima de los 0.60 mg, es decir, ya en el tramo de delito.

En concreto, la investigación –llevada a cabo por Fesvial- ha identificado los cincos mitos más extendidos colocando en primera posición beber o chupar granos de café, seguido por esperar entre 1 y dos horas antes de conducir (se necesitan bastantes más), masticar chicles o comer caramelos, beber agua y realizar ejercicios.

Ocurre que también se tomó a dos voluntarios, una mujer y un hombre, y se les hizo ingerir diversas bebidas (un tercio de cerveza, una copa de vino y un combinado) hasta superar el mínimo permitido. El siguiente paso, someterles a una pequeña batería de trucos. Y el tercero fue comprobar que ninguno de ellos había funcionado. Es más, en algún caso, incluso subió la tasa de alcoholemia.

Por cierto, si quiere saber cuánto daría en un hipotético control, Línea Directa ha creado una calculadora que le permite estimar la tasa de alcoholemia en función de lo que haya bebido. Puede acceder a ella pinchando aquí

El Mundo motor

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